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lunes, julio 11, 2005

Entrevista de Malén Aznarez sobre los meteoritos de la Antártida

ENTREVISTA: CARMEN ASCASO, La científica del meteorito
Por MALÉN AZNÁREZ
Publicado en EL PAIS SEMANAL (Madrid, España) - 03-07-2005
http://www.elpais.es/

De la bióloga Carmen Ascaso puede decirse que hace hablar a las piedras. Con una técnica propia de microscopía electrónica ve hasta los rincones más recónditos de su interior. Piedras de la Antártida, meteoritos de Marte y líquenes enviados al espacio. Los resultados son fascinantes.

Carmen Ascaso Ciría es por encima de todo, aunque puede que eso no le guste demasiado, “la científica del meteorito”. Un meteorito que salió despedido de Marte y cayó en la Tierra hace la friolera de 13.000 años, aunque su antigüedad se calcula en 4.500 millones de años –prácticamente cuando se estaba formando nuestro planeta–, y que llegó al microscopio de esta aragonesa en 1997.

El nombre de esta investigadora de 56 años, subdirectora del Instituto de Recursos Naturales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en donde dirige el Servicio de Microscopía y el Grupo de Investigación de Ecología Microbiana, está ligado sin remisión, junto con el de su colega el profesor Jacek Wierzchos, de la Universidad de Lleida, a la roca marciana de dos kilos encontrada en la Antártida y que la NASA repartió como una preciada joya entre contados y escogidos investigadores de todo el mundo. A ellos les llegó el pedacito más minúsculo de ALH84001 –nombre burocrático con el que bautizaron al meteorito–, una nimiedad de unos pocos gramos; pero gracias a una nueva técnica propia de microscopía electrónica, que permite analizar el interior de los microorganismos vivos y fósiles sin afectar a su microhábitat en las rocas, llegaron muy lejos en sus investigaciones. Con su técnica pudieron descubrir, en el interior del meteorito, unos pequeños cristales de magnetita, en forma de cadenas parecidas a collares de perlas, que sólo se han podido encontrar en el interior de algunas bacterias llamadas magnetobacterias; es decir, un claro indicio de origen biológico. Un resultado decisivo para que la NASA reafirmara su hipótesis de la posible existencia en el pasado de vida en el planeta rojo, y para apoyar la reactivación de los viajes a Marte.

Habla con pocos tecnicismos y mucha espontaneidad, sencilla y directamente, aunque es frecuente que después de un comentario muy natural lo apostille con un “esto no lo publique” o un “esto sería mejor decirlo de otra forma”. Es evidente que no le gusta molestar y, menos aún, las polémicas, quizá porque ha tenido suficientes con los resultados de su investigación del meteorito marciano; pero eso no quita para que exprese sus opiniones con total seguridad. Su aspecto es el de una profesional práctica: pantalones y camisa de lino, y una melena corta de aspecto natural. En medio de los fuertes calores que abrasan Madrid, en un día de junio que raya los 40 grados, Ascaso justifica una chaqueta que le acompaña: “Soy muy friolera, y aunque haga un calor enorme voy a todas partes con una chaqueta por el aire acondicionado. Como dicen, burlones, mis amigos, es el ‘kit de Carmen”.

Si hubiera que definir a esta investigadora con una palabra, naturalidad parece la más adecuada. Quizá por eso apenas se repara en que cuenta cosas fantásticas del interior de las piedras milenarias de la Antártida, de meteoritos de millones de años llegados del espacio, de los fósiles que puedan encontrarse en Marte o de que sus investigaciones pueden reforzar la teoría del posible origen de la vida en otros planetas. Y las explica con la tranquilidad que da manejar datos propios.

He mirado dónde quedaba Castillo de Pompién, el pueblo donde nació, y me he encontrado con que es uno de los pueblos abandonados de Huesca. ¿Triste, no?

En realidad no es un pueblo. Mi madre bromea y me dice que yo no soy ni de pueblo… Era un castillo, que en Huesca es algo así como un cortijo en Andalucía; se llaman de esa manera, pero no hay castillos. No era un pueblo propiamente dicho, era una vivienda con tierras, una propiedad de unos señores de Tolosa que mi padre gestionaba. Yo jugaba con Jorge, el hijo de los dueños; en realidad éramos casi los únicos niños que había, porque yo no tenía hermanos. Curiosamente, hace dos o tres años se publicó un libro de mapas del siglo XVI donde figuraba Castillo de Pompién, pese a que no estaban muchos pueblos de la zona… No creo que esté abandonado del todo; me imagino que las tierras se seguirán trabajando, aunque es posible que, al estar tan cerca de Huesca, ya no viva nadie allí.

Supongo que eso es lo que se llama una infancia idílica, en pleno campo, sin vigilancias, sin escuela…

Viví allí hasta los siete años y lo recuerdo como una infancia ideal. Como éramos muy pocos niños, estábamos muy mimados; andábamos todo el día con las bicicletas, me subía a las cosechadoras… Fue una infancia estupenda. Es bonito y bastante insólito haberte criado en esas condiciones. Yo nunca estuve en Lascasas, que es el municipio al que pertenecíamos; pero cuando llegué al colegio de Huesca, un poco antes de hacer el ingreso de Bachillerato, aunque no había ido a ninguna escuela sabía leer, escribir, multiplicar y dividir porque me había enseñado mi padre. Me agrada haber nacido allí, pero me gustaría ser de un pueblo, un pueblo pequeño, para poder volver a las fiestas y reencontrarme con los conocidos.

Creo que sus primeros pasos profesionales como bióloga fueron dando clases en colegios de monjas.

Cuando terminé la carrera encontré trabajo en dos colegios de Zaragoza, en las dominicas y en las carmelitas, que por cierto fueron muy honradas porque me pagaron la Seguridad Social… Estuve sólo dos meses y me pasé a dar clases al instituto de Cariñena. Guardo muy buenos recuerdos del instituto; era la tutora de los mayores, y todavía me acuerdo de los nombres de los alumnos…

Parece que eran otros tiempos. Ahora no dicen lo mismo los profesores, que se sienten estresados, desbordados por los alumnos, mal pagados e incomprendidos por la sociedad.

Sí, es verdad que están estresados. A mí me gustaba la docencia, pero mi garganta no me hubiera permitido estar muchos años en ella, no puedo forzarla demasiado. Hubiera podido seguir dando clase en institutos, pero a mi marido le gustaba mucho la investigación, así que con una beca que nos habían dado para hacer la tesis doctoral nos vinimos a Madrid, cada uno con su maletita. Hicimos la tesis muy rápidamente, cada uno en un centro, porque, aunque mi marido también es biólogo, yo siempre he tenido muy claro que esas cosas hay que separarlas…

Y descubrió el mundo de la microscopía electrónica, del que ha llegado a ser una autoridad.

Cuando empezaron a explicarme el mundo de la microscopía electrónica me pareció apasionante.

Pues, desde fuera, parece muy técnico y un poco aburrido.

¿Le parece aburrida la astronomía?, pues detrás de un telescopio o del ordenador que da la imagen del telescopio hay electrónica… En el caso de la microscopía hay unas técnicas y equipamientos que muestran un mundo absolutamente desconocido y que eres el primero en descubrir. De tu experiencia, de tu habilidad y ganas, de las horas que estés dispuesta a dedicarle depende el llegar a conocer mundos totalmente desconocidos.

O sea, que son ustedes los nuevos exploradores.

Sí, sí, yo creo que somos unos bioexploradores del microcosmos, exploradores de los microhábitats, y me parece un mundo muy apasionante. Claro, que hay que tener la experiencia, la creatividad para pensar en nuevas técnicas.

Sin embargo, hay pocos investigadores que se dediquen a la microscopía electrónica.

Hay poca microscopía –no sólo en España, sino en el mundo entero– porque es algo muy duro. Y hay más mujeres que hombres, quizá porque se requiere cierto grado de paciencia y perseverancia que las mujeres tenemos. Cada muestra es un mundo, no se pueden tener patrones estándar, y por eso en algunos lugares no se saca el suficiente partido de las muestras. El investigador tiene que estar dispuesto a pasar muchas horas en el laboratorio. No es cuestión de pasar dos minutos por el servicio, que el técnico haga unas fotos y marcharte; eso no es hacer microscopía. Nuestro técnico, Fernando Pinto, es un gran técnico y ayuda a los usuarios, pero ellos deben pasar mucho tiempo observando. Yo tuve una calcificación en el hombro porque cambiamos de posición unos mandos del microscopio de barrido y pasaba tantas horas con él que forzaba mucho el hombro y al final me tuvieron que operar.

¿Qué pueden descubrir con microscopía electrónica que no puedan con la tradicional, la óptica?

El poder de resolución de la microscopía electrónica es mucho mayor que el de la óptica convencional, y además los microscopios electrónicos suelen tener unos equipos de análisis de elementos químicos que son muy útiles para determinar si existe una biomineralización en un lugar determinado. En mi caso, por ejemplo, si unos microorganismos han producido un biomineral, con ellos puedes analizar si están compuestos de calcio, de hierro o de cualquier otro elemento. Y eso es interesantísimo porque los microorganismos actúan con la roca y con elementos captados de la roca y forman unos nuevos minerales que llamamos bío para entendernos. Y puedes ver y analizar los bío, y eso no lo podríamos hacer nunca con un microscopio óptico. La microscopía electrónica se usa para el estudio de los orgánulos de las células. En una hoja, por ejemplo, con el microscopio óptico ves la organización histológica, pero con el electrónico puedes ver aspectos celulares como el núcleo y las mitocondrias. Ha sido una revolución en la biología y en algunos campos como el nuestro.

Imre Friedmann [el primer estudioso del meteorito de Marte, colaborador de la NASA] dijo que su equipo “tenía la mejor técnica del mundo para analizar el fragmento de meteorito”? ¿Cómo se sintió ante semejantes elogios?

Pues me sentí bien. Enseguida nos llamó para invitarnos a trabajar con él.

¿Fue una invitación o, como se ha publicado en algunos medios, ustedes hicieron una solicitud a la NASA para que les permitiera trabajar con el meteorito?

Nos invitaron, pero se lo voy a explicar. Friedmann es un microbiólogo que había estado en la Antártida recogiendo material, y la microscopía electrónica le sonaba, conocía nuestro trabajo de 1994, y por eso nos contactó. No fuimos nosotros los que buscamos a Friedmann y el meteorito, sino que él nos llamó. Lo que sucedió es que, una vez que aceptamos su invitación, nos envió unas muestras de la Antártida para que investigáramos los microorganismos que tenían dentro y demostráramos lo que éramos capaces de hacer. Nos dijo que había muchos grupos pidiendo el meteorito y que él se iba a basar en los resultados que obtuviéramos de las muestras antárticas para enviárnoslo. Eran muestras muy difíciles y querían saber si teníamos las herramientas para poder investigar. Y ahora volvemos a tener el meteorito aquí, nos han pedido nuevamente ayuda.

¿Qué ha pasado? ¿Se ha refutado la teoría de las famosas cadenas de magnetobacterias que ustedes descubrieron en el interior del meteorito, y por las que dijeron que había evidencias de vida en el pasado de Marte?

El meteorito que nos envían ahora es para ahondar en la observación de las cadenas y obtener todavía mejores imágenes. Cuando publicamos el trabajo, yo no quería poner “evidencias de vida”, quería poner “indicios”; creo que los microscopistas, Wierzchos y yo, teníamos ese derecho. Pero Friedmann, con una mentalidad muy norteamericana, se empeño en poner “evidencias”. Yo pienso que en ciencia hay que mostrar hasta donde se sabe, hay que ir poquito a poquito; a mí no me gustó la palabra “evidencias”, pero es la que al final se puso… ¿Qué ha sucedido? Que algunos científicos estadounidenses dicen que las cadenas de magnetitas se han podido formar de una forma inorgánica en Marte. Creo que nuestra aportación ha sido importante al haber visualizado algo que nadie había descubierto, que las magnetitas están en cadenas, y eso no se puede negar. ¿Se pueden formar por un proceso inorgánico? Yo creo que no, pero todavía no se puede descartar. Pero lo que no es aceptable es que personas que por sí mismas serían incapaces de visualizar las cadenas teniendo el meteorito en su laboratorio opinen de la forma en que lo hacen. Cuando sean capaces de trabajar con equipos de microscopía electrónica y ver las cadenas, o no verlas, tendrán la autoridad suficiente para opinar; pero si nunca han cogido un microscopio, no la tienen, porque inventar teorías podemos hacerlo todos. Y el meteorito está de nuevo en España porque Friedmann quería que fuéramos a Estados Unidos a usar un supermicroscopio de barrido que tienen allí, pero nosotros no podíamos. Así que nos hemos comprometido a documentárselo bien aquí, y lo estudiaremos en Granada, donde el Servicio de Microscopía tiene un equipamiento mejor que el nuestro.

¿Qué tiene de especial su técnica para que la NASA les persiga?

No sé si es la NASA, pero sí Friedmann, que tiene el meteorito… Wierzchos y yo inventamos una técnica para conseguir ver el interior de los microorganismos en el interior de la roca sin dañarla. La técnica tiene una gran complejidad preparativa y luego se observa con un detector especial. Los demás usaban técnicas muy convencionales de microscopía de barrido.

Una imagina que la NASA tiene la tecnología más avanzada del mundo, y resulta que ustedes han desarrollado una técnica de microscopía electrónica más sofisticada.

Es que en España hay investigadores muy buenos… Yo llevo 33 años en el mismo centro del CSIC, y algunos pueden interpretar que soy poco ambiciosa; pero el Rhizocarpon, el liquen que estudié en la tesis doctoral, está ahora mismo en el espacio, en la Biopan, y cuando vuelva podré interpretar perfectamente si ha habido cambios en él, porque lo conozco perfectamente. Nosotros ya hemos utilizado esa técnica con líquenes de aquí, de la Antártida y luego con el meteorito.

No es de extrañar la controversia. A la NASA le vino muy bien su resultado porque reforzaba la teoría de posible vida en Marte y la reactivación de la carrera espacial.

Nosotros no lo hicimos para reforzar a la NASA, fue un desafío. Las personas que piensen que esas cadenas no son como decimos, que cojan el meteorito, lo analicen y publiquen sus conclusiones; que hagan experimentos y traten de demostrar que son de origen inorgánico. Que lo demuestren.

Las fotos que ahora toman en Marte los robots ‘Spirit’ y ‘Opportunity’ ¿aportan algo a sus resultados?

No pueden aportar datos sobre este tema. Pero ya que lo dice, cuando la Opportunity envía imágenes, en ellas se ve lo que se ve. ¿Por qué no se ve más?, porque tienen una resolución de décimas de milímetro. Sería muy bonito que se vieran las cosas de tamaño mucho más pequeño, pero todo tiene sus limitaciones técnicas. Los microscopios también tienen sus limitaciones técnicas; pero si en Estados Unidos no han visto las cadenas ha sido porque no han utilizado ni la preparación adecuada, ni el detector apropiado. Una vez sabido qué es lo que hay que utilizar, hay que ir a los mejores microscopios electrónicos, que es lo que nosotros hemos hecho con este meteorito; pero incluso con los mejores microscopios hay limitaciones, como ocurre con las fotografías de Marte. Me imagino que a los fotógrafos de Marte les provocará frustración no tener resolución de un centímetro, pero no la tienen. Nosotros vemos lo que vemos. La verdad es que todo esto ha sido un poco pesado, un poco estresante, pero yo me siento orgullosa porque hemos sacado de una piedra marciana una información que nadie había conseguido antes. Luego todo el mundo se pone a hablar del tema, a veces por aspectos políticos, ideológicos o religiosos. Ya sabe, que si la vida fue o no creada en la Tierra, etcétera.

Su resultado refuerza la teoría de la Panspermia: la vida se originó en otros planetas y luego por el espacio llegó a la Tierra.

Exacto. También ahora con el experimento de Biopan se plantea el mismo tema, pero hay que tratar de ser desapasionado en la interpretación de los resultados. Lo que me ilusiona es que hemos puesto sobre el tapete científico unos resultados; luego, que cada cual haga sus interpretaciones.

¿Personalmente se inclina por la posibilidad de que la vida se originara en otros planetas?

Antes, cuando se hablaba de esta teoría, se decía que no había habido campo magnético en Marte, que no había habido agua, y ahora… Yo, que era un poco escéptica y poco creyente de esa teoría, ahora resulta que los últimos datos dicen que ha podido haber agua en Marte, y entonces todas esas refutaciones de los adversarios se caen a tierra, los adversarios casi me han vuelto creyente.

¿Se apuntaría a un viaje a Marte, si tuviera la posibilidad, para investigar sobre el terreno?

Sí, claro que sí; como no es en barco, que es donde yo me mareo…

¿El del meteorito ha sido el descubrimiento más importante de su carrera?

Ha sido el que ha tenido más repercusión en los medios de comunicación. Creo que el poner a punto una técnica que luego hemos podido utilizar en este caso y en otros, como en el monasterio de los Jerónimos o la Biopan, ha sido muy importante. El éxito ha sido poner a punto la técnica, porque creo que ha abierto muchas puertas a la investigación. Después del meteorito nos contactaron las autoridades portuguesas porque iban a restaurar el monasterio de los Jerónimos de Lisboa, que estaba muy bioalterado. Ellos iban a hacer pruebas con unos biocidas para ver, entre tres, cuál era más eficaz combatiendo los microorganismos que pudieran estar colonizando esa piedra. Nosotros vimos cuál era la alteración de la piedra y, de los tres biocidas, cuál era el más eficaz actuando dentro de la piedra. Ahora que el monasterio ya está restaurado es una maravilla, y lo han hecho con el biocida que nosotros les aconsejamos.

Ha citado el experimento de Biopan, el primero español que viaja al espacio en un programa de esas características de la ESA. Ustedes, con el INTA y la Universidad Complutense, han enviado al espacio un proyecto con el que pretenden comprobar la resistencia de distintos líquenes en el espacio exterior. ¿Qué esperan encontrar a su vuelta?

Hemos enviado al espacio dos tipos de líquenes: unos epilíticos (sobre piedra), entre ellos el Rhizocarpon de Gredos, y otros endolíticos (totalmente escondidos dentro de la piedra), que son los de la Antártida. Hay unos visibles y otros no. Leopoldo García Sancho, el coordinador del proyecto, ha traído las muestras de la Antártida, además de investigar aspectos metabólicos; nosotros lo que hacemos es la microscopía para ver cómo van y cómo vuelven. Hemos elegido las rocas más ricas en microorganismos, las que más material biológico tenían.

¿Y por qué decía antes que el experimento puede reforzar la teoría de la Panspermia?

La Biopan no es sólo un experimento de microgravedad, se abre al espacio, y los líquenes quedan expuestos al albur de las condiciones cósmicas. Si los epilíticos como Rhizocarpon han resistido las presiones del espacio exterior estando 14 días en órbita, o si ellos no lo han hecho y puede que haya resistido el liquen escondido dentro de la piedra, el endolítico, eso sólo lo podremos ver con la microscopía. Si están bien, ¿qué podríamos pensar? Pues que la vida pudo viajar por el espacio escondida en un meteorito tipo condrita, es decir, no metálico. Afortunadamente vamos a tener la posibilidad de otro vuelo espacial, porque este equipo ya tiene un segundo proyecto aprobado por la ESA [que coordinará Rosa de la Torre, del INTA]; pero vamos a ver qué pasa con éste. Quizá las algas y los hongos vengan muy dañados, pero las bacterias vuelvan mejor; ése sería uno de los aspectos que apoyarían la teoría de la Panspermia, pero yo no voy a poder evitar que la gente se meta en temas religiosos. Estoy deseando verlos de regreso; cuando miro al cielo y pienso: estarán por ahí dando vueltas…

¿Ha subido su caché internacional de investigadora después del meteorito?

Ha entrado tanta gente en la polémica que no sé si ha subido o se ha mantenido, pero no me afecta demasiado. El año pasado hemos publicado seis trabajos en revistas internacionales y pienso que nuestro grupo del CSIC es muy respetado; creo que en microscopía en sustratos inertes o líticos es imbatible en este momento a nivel internacional.

En pocos años se espera que lleguen a la Tierra muestras de Marte. Se supone que esta vez les darán una buena roca, a diferencia del pedacito de 1997.

En microscopía electrónica no hay nada mínimo; lo importante no es el tamaño de la piedra, sino los glóbulos de carbonato que tenga, y la que tuvimos tenía muchos. Pero le voy a contar una cosa. Hay muchos más biólogos microbianos de medio acuático que de medio lítico –hay muy pocos equipos en el mundo– que estudien Marte. Nosotros somos un equipo de medio lítico que contamos con buenos equipamientos. Y cuando se habla de Marte, se habla siempre de encontrar moléculas orgánicas en Marte, ADN en Marte; nadie ha pensado que los microorganismos que encontremos allí pueden estar fosilizados, y cuando digo fosilizados, digo absolutamente mineralizados, como puede estarlo un amonites. Nadie ha pensado que, si hubo vida en Marte, puede estar fosilizada, y que si no estamos entrenados para eso nos puede pasar inadvertida. En este momento, la NASA tiene, en medio del desierto de Atacama, unos equipamientos sofisticadísimos para detectar aminoácidos y otras moléculas orgánicas que pueda haber en el suelo marciano. Allí están preparando unos robots que van a llevar a Marte en 2009, y están muy centrados en moléculas orgánicas. ¿Se ha planteado la NASA que pueda haber fósiles en Marte? Parece que poco. Pero mi colega Wierzchos acaba de volver de Atacama con muestras para analizar.

¿Y eso va a cambiar algo el panorama de lo que se busque en Marte?

En Marte estamos buscando unos organismos vivos que se han podido mineralizar y que nos pueden pasar inadvertidos. En los valles secos de la Antártida hay unas areniscas formadas por sílice que dentro tenían unos organismos vivos que se han mineralizado, y si no hubiéramos sido capaces de descubrir en esas areniscas fosilizadas que en los huequitos que dejan los cuatro granitos de cuarzo hay un alga que se ha convertido absolutamente en piedra, parecería que en ellas nunca ha habido microorganismos.

También han trabajado en el ámbar del cretácico encontrado en Peñacerrada (Álava). Hace unos años pude ver ese ámbar con diferentes insectos atrapados en él, y era algo fantástico. ¿Qué han visto ahora?

Nuestra técnica permite ver microorganismos en sustratos inertes, y el ámbar es un sustrato inerte donde hay microorganismos atrapados. En él se ha investigado siempre muchísimo los insectos, y en el Museo de Ciencias de Vitoria querían prospectar con nuestra técnica. Nosotros no sabíamos cómo se iba a comportar el ámbar, podía destruirse, pero se comportó muy bien, y hay unos microorganismos, que llevan 114 millones de años atrapados, que se han mineralizado en parte. Hemos descubierto protozoos y hongos, y con ellos se podrá conocer mejor qué sucedía en el cretácico.

Es formidable.

¿Se da cuenta cómo sí que es un trabajo apasionante?

He visto recientemente, en el Museo de Ciencias de Valladolid, la exposición ‘La estirpe de Isis. Mujeres en la historia de la ciencia’, y usted figuraba en un enorme panel. ¿Qué siente ante este reconocimiento?

No he podido ver la exposición, pero estoy segura de que hay científicas españolas actuales que pasarán a la historia de la ciencia, porque hay algunas muy buenas. Y lo importante es que su trabajo no sea minimizado ni ocultado, como hasta ahora. También ha pasado en el mundo del arte y de la literatura, recuerde. Hay trabajos científicos que cuando los hacen mujeres siempre se resaltan menos. La verdad es que es duro ser mujer… Yo he visto cómo en otros países se facilita a las científicas la maternidad. Las mujeres españolas hemos tirado para adelante con todo: con horarios de trabajo tremendos, con la casa, con los hijos… Yo iba a recogerlos a la guardería cuando ya estaba casi cerrada, y gracias a mi madre que me ayudó muchísimo con ellos.

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