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viernes, octubre 12, 2007

Investigación sobre terremotos y volcanes

Publicado en http://www.elmundo.es/
12 oct 07
LECCIÓN DE CIENCIA
Raúl Pérez López: Profesor de la San Pablo CEU, ha liderado una investigación en la Antártida basada en la lectura de las rocas para prevenir catástrofes.

La Antártida representa el lugar de la Tierra más alejado del hombre. Por eso, se encuentra menos influenciada por él, si es que esto puede afirmarse. Esta lejanía de la antigua Terra Incógnita o Australis es un magnífico lugar para la ciencia moderna, si es que esto también puede afirmarse. España posee dos bases antárticas estacionales que son ocupadas exclusivamente durante el verano austral, el del hemisferio sur. Son la Gabriel de Castilla y la Juan Carlos I, gestionadas por el Ministerio de Educación, la Unidad Tecnológica de la Marina y el Ministerio de Defensa.
El objetivo del proyecto Falladec, financiado por el MEC, consistió en determinar terremotos asociados al proceso eruptivo de Isla Decepción (Islas Shetlands del Sur, Antártica Occidental) entre 1967 y 1970, y que destruyó dos bases antárticas, la chilena Pedro Cerdá y la británica John Biscoe.
Ahora, existen dos bases en la isla, la argentina Decepción y la citada Gabriel de Castilla. En esta última, los expedicionarios del Falladec pasamos dos meses leyendo la información que nos transmitían las rocas. Para descifrarlo, usamos técnicas de paleosismología, es decir, evidencias geológicas de terremotos pasados.
Lo interesante es que al ser un periodo donde los sismómetros ya funcionaban, podemos comparar los datos de campo con los registrados por teledetección sísmica. Se parte del análisis de fotografías aéreas realizadas por la Armada argentina y modernas imágenes satélite de alta resolución (Digital Globe).
Al compararlas, se constató una ruptura superficial en las cercanías de Caleta Péndulo, el margen litoral derecho de la bahía interior de la isla, llamado Puerto Foster. La ruptura presentaba una orientación NO-SE, con una longitud de un kilómetro, limitada por un glaciar a su derecha y la propia bahía a su izquierda.
Después, se hicieron estudios sobre la traza de dicha ruptura, que alcanzó la categoría de falla sismogenética y fue bautizada como la Falla de María. Allí analizamos los depósitos asociados a las erupciones de 1967, 1969 y 1970, básicamente piroclastos redondeados de tamaño centimétrico, de composición basáltica y/o vítrea, con una matriz de tamaño ceniza. Esta técnica llamada trinchera permite reconstruir la historia paleosísmica de una falla trabajando sobre el escarpe que genera.
Finalmente, determinamos que, al menos, un terremoto de magnitud superior a 5,5 en la escala Richter se disparó tras la erupción de 1970, rompiendo el paisaje. También tomamos muestras de roca y sedimento en estructuras adyacentes, asociadas a la formación de una caldera volcánica, con el fin de datarlas y saber cuándo se produjo el hundimiento.
Todas estas investigaciones servirán para aportar a la planificación de riesgos una información brutal. Además, se garantiza la calidad de la investigación española, puntera en todos los frentes abiertos por geólogos, geofísicos y todos los que forman el universo antártico español de la Terra Australis.

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