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jueves, junio 05, 2008

Los glaciares de desplazan de manera espasmódica

Terremotos de Sichuan en la Antártida
El avance brusco de los glaciares provoca seísmos similares al registrado en la provincia china
por MANUEL ANSEDE - Madrid - 04/06/2008
fuente: http://www.publico.es/
Durante varios decenios, la ciencia ha descrito los glaciares como gigantescos gusanos de hielo, que se deslizan de manera parsimoniosa colina abajo. Sin embargo, un nuevo estudio dibuja un panorama muy dispar: estas moles congeladas avanzan de manera espasmódica, creando a su paso un redoble de tambor que se siente en todo el continente antártico.
Un equipo dirigido por el sismólogo Douglas A. Wiens, de la Universidad de Washington, ha detectado dos ráfagas de ondas sísmicas diarias procedentes de una corriente de hielo en la Antártida. El tembleque no es despreciable. Cada estallido es equivalente a un terremoto de magnitud 7 en la escala de Richter, similar al registrado el pasado 12 de mayo en la provincia china de Sichuan.
La corriente estudiada es un enorme glaciar de 100 kilómetros de ancho y 800 metros de espesor. Según los datos obtenidos a través del Sistema de Posicionamiento Global (GPS), la lengua de hielo resbala unos 45 centímetros en 10 minutos, se detiene durante 12 horas, y avanza de nuevo otro medio metro. El glaciar, por lo tanto, da dos pasitos al día y cada zancada produce una sacudida que hace temblar los sismógrafos de la Antártida e incluso de la lejana Australia.
"El impacto sísmico es equivalente al de un gran terremoto, pero no se siente como tal porque el movimiento es mucho más lento que el de un terremoto real", explica el responsable del estudio, publicado hoy en la edición on-line de la revista Nature. Lo que un seísmo consigue en 10 segundos, un glaciar lo obtiene en 10 minutos. Wiens lo llama "terremoto a velocidad glacial".
Los científicos denominan a este tipo de movimientos stick-slip, una etiqueta que se aplica a cualquier contacto dinámico entre dos cuerpos, siempre que una de las superficies avance sobre la otra a saltos.
El glaciar esconde otra sorpresa. Su velocidad disminuye ante el desconcierto de los científicos. "El fenómeno stick-slip puede aportar nuevos indicios para saber qué hace que estas corrientes de hielo cambien de ritmo", opina Wiens. "Necesitamos comprenderlo, porque esto afectará a la velocidad de deshielo en la Antártida y a la subida del nivel del mar a consecuencia del cambio climático", añade.

1 Comments:

  • At 9/6/08 11:48, Anonymous MAURICIO-JOSÉ SCHWARZ said…

    Un planeta en movimiento
    Alfred Wegener nos legó una de las más revolucionarias teorías del siglo XX, la de la deriva continental, que también es una de las menos conocidas
    09.06.08 - MAURICIO-JOSÉ SCHWARZ

    La Tierra, el planeta y su superficie, las rocas y suelo, parecen tremendamente sólidos, tanto que los seres humanos hasta hace muy poco consideraron que toda su morfología era esencialmente la misma desde su formación en la nube de polvo de la que surgió el sol y todo nuestro sistema solar. Cierto, algunas tensiones y fricciones acá y allá provocaron la aparición de cordilleras, y ocasionalmente hay terremotos y erupciones de volcanes o de agua caliente y gases, recordándonos que bajo nuestros pies sigue habiendo un núcleo candente.
    Había algunas cuestiones cuando menos curiosas, pero que bien podían ser simples coincidencias, como la observada ya en el siglo XVI, que las siluetas del continente suramericano y del africano se correspondían como dos piezas de un puzle. Pero ello no bastaba para cambiar la idea que teníamos del mundo, y que la ciencia consideraba razonablemente aceptable en el momento, la llamada teoría geosinclinal, una idea establecida desde mediados del siglo XIX, según la cual la corteza terrestre era un todo constante, y sólo algunos movimientos verticales de la misma provocaban la aparición de características geológicas como las cordilleras o fallas. La teoría era coherente con la edad que se calculaba entonces que tenía la Tierra, entre 18 y 400 millones de años.
    Alfred Wegener, científico y meteorólogo alemán, observó en 1911 que aparecían fósiles idénticos en ciertos estratos geológicos que ahora están separados por océanos enteros y no le convenció la idea de que habían surgido y desaparecido 'puentes de tierra' que permitieron la migración de animales y plantas. Por el contrario, le pareció posible que fueran los continentes mismos los que se hubieran movido con el paso del tiempo, lenta pero inexorablemente. Planteó así, en 1912, la teoría de la 'deriva continental', proponiendo que los continentes podían haber estado unidos originalmente y con el tiempo habrían 'derivado' a sus actuales posiciones. Llamó a ese supercontinente originario Pangea, que significa «toda la tierra».
    La idea era tan singular que no sería aceptada fácilmente por la ciencia, que demandaba, lo que por otra parte es lógico, evidencia muy sólida de que los hechos apoyaban a la teoría. Wegener reunió una buena cantidad de evidencia circunstancial, pero no suficiente, y a su muerte sus ideas quedaron en suspenso.
    Los cálculos del siglo XIX no tenían modo de suponer que existía la radioactividad, y que la Tierra tenía elementos radiactivos que generaban calor, de modo que el planeta no se había venido enfriando de modo constante desde su origen, y era probable que fuera mucho más antiguo y aún así mantuviera un núcleo lo bastante caliente como para ser líquido. Esta idea, y las evidencias de que la dirección del campo magnético variaba en rocas de distintas edades que se recopilaron en las décadas de 1950 y 1960, llevaron a la reconsideración de la hipótesis de la deriva continental de Wegener y a lo que hoy conocemos como tectónica de placas, considerada uno de los grandes avances del siglo XX junto con la teoría de la relatividad, la mecánica cuántica y las neurociencias.
    Según la tectónica de placas, la Tierra consta de diversas capas. La más interior, que se hundió por su propio peso, es principalmente de hierro fundido y forma el núcleo interno del planeta. Sobre él está el núcleo exterior, de una mezcla menos densa de níquel y hierro e igualmente líquido, y el manto sobre el cual se extiende la corteza terrestre. Pero no es una corteza uniforme e inmóvil. Se trata de una delgada capa rocosa quebrada en numerosos trozos o placas (de ahí el nombre) que 'flotan' sobre el núcleo y se mueven debido a las corrientes de convección que crea el propio calor del núcleo terrestre.
    Las consecuencias
    Las placas tectónicas son trozos de corteza con un espesor de unos 100 kilómetros. Para comparar, la mina más profunda excavada por el ser humano, la Tau Tona, mina de oro en Sudáfrica, es de 3,6 kilómetros, profundidad a la cual la temperatura es de 55 grados centígrados. Se mueven de modo sumamente lento, entre 10 y 160 milímetros por año, pero esos pocos milímetros se suman a lo largo de millones de años. Conocemos la existencia de nueve grandes placas y algunas más pequeñas: la del Pacífico (la mayor), Norteamericana, Suramericana, Eurasiática, Africana, Australiana y Antártica. Entre las pequeñas tenemos la India, la Caribeña, la de Nazca, la de Cocos y la Filipina
    El lento, pero inexorable movimiento de estas placas explica algunas de las principales características geológicas de nuestro planeta. Por ejemplo, el choque de la placa Indoaustraliana con la Euroasiática, al norte de la India, es el responsable del surgimiento de la impresionante cordillera del Himalaya, con las montañas más altas del mundo. Por supuesto, algunas placas se están separando de otras, mientras que algunas están chocando con otras, en colosales pulsos en los que la menos sólida acaba debajo de la más firme, en un proceso llamado 'subducción'. Los movimientos de estas subducciones son los causantes de buena parte de los terremotos, siempre según la tectónica de placas.
    Un caso singular es cuando las placas no chocan ni se alejan entre sí, sino que se deslizan horizontalmente una respecto de la otra. Es lo que ocurre en el punto donde se encuentran la placa Pacífica y la Norteamericana, la llamada falla de San Andrés. Por otro lado, el movimiento de la placa Pacífica explica la existencia del 'cinturón de fuego' en sus bordes. Así, hoy sabemos que nuestro planeta está en continuo movimiento. Los continentes se mueven, y al menos en dos ocasiones estuvieron reunidos en un solo supercontinente. Y como en tantos otros aspectos del conocimiento, el cambio es lo único cierto incluso en la aparentemente confiable 'tierra firme' que pisamos.

     

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