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viernes, julio 06, 2007

¿Por qué no se permiten perros en la Antártida?

La expulsión de los perros del territorio austral
por Sergio Grodsinsky
Tomado de: http://www.voraus.com

El Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente (Madrid, 1991) dispuso el retiro de los perros de trineo del territorio de la Antártida, a partir de abril de 1994.
En agosto de 1991, los países con pretensiones territoriales antárticas se reunieron en Madrid, la voz cantante correspondió a los pretendientes ubicados cerca del polo opuesto, el ‘Primer Mundo’ impulsó entre otras ‘cositas’ impedir “hacer reclamaciones de soberanía hasta dentro de 50 años” y compele a “preservar el ecosistema” ; obviando la injerencia de intereses foráneos en el destino nacional de los países, aludiendo pretextos proteccionistas.
El Tratado Antártico, puntualmente, dispuso “el retiro de perros polares del territorio austral”, cumplimiento efectivo antes de abril de 1994”. La disposición se basó en el argumento del asesor del ‘Scientific Committee on Antartic Research’ quién considera que “los perros transmiten el moquillo a las focas”, “son depredadores de las pingüineras” y “en su pelaje albergan parásitos capaces de alterar el equilibrio ecológico de la Antártida” (sic).
No hay mito ni leyenda que encuentre oposición cuando la superstición viene del ‘Primer Mundo’, es moderna y se autoproclama científica.

Pretextos pseudocientíficos
La medida contra los perros constituye un alegato pseudocientífco y falaz:
El moquillo canino (Distemper o enfermedad de Carré) no se transmite a las focas ni a ningún otro mamífero fuera del género Lupus-Canis, y si bien existe un moquillo de los pinípedos, son cepas virósicas distintas, como ocurre con el moquillo del gato (Panleucopenia) y del mono (Catarro de Fisher)
Todos los ejemplares de perro polar –de las bases argentinas General San Martín, al sur del círculo polárico, y Esperanza, en el extremo norte de la isla Trinidad- contaron siempre con vacunas contra el moquillo, aplicadas cuando cachorros (dos dosis), y un refuerzo anual cuando adultos (prevención que también cubre a la futura prole), e igual sistema han seguido las dotaciones caninas australiana, chilenas, británicas y rusas así también como los perros de expediciones sin base permanente.
Desde 1951, cuando la Argentina llevó sus primeros perros a la Antártida, nunca se declaró un caso de moquillo en aquel territorio y tampoco en los ejemplares de bases extranjeras.
Y a la inversa, los únicos cuadros de enfermedades caninas allí, correspondieron a las transmitidas por ¡focas y pingüinos! –parasitosis y dermatitis por picadura de pulgas.
En las pocas ocasiones en las que algún perro mató a un pingüino, y de ahí a “depredador de pingüineras” hay mucho número para imaginar, debe señalarse la enorme cantidad de estas aves en ese territorio –aves depredadoras del krill, y cuya superpoblación pingüínica produce enfermedades por hacinamiento, aunque un perro escapado de una base jamás podría reducir las pingüinaciones multitudinarias.
Similar sucede con las focas, al margen de que los perros sólo podrían cazar las enfermas o seniles, pues las otras huyen nadando.
Pero, añadir en los considerandos de la medida “que los perros fueron introducidos en el ecosistema y por ello ocasionan desequilibrio ecológico” autoriza –con idéntica lógica- a responder que los ecologistas no son oriundos de la Antártida, y sin embargo deciden el retiro de los canes. Disponen la suplantación de perros por tractores a gasolina privando a los integrantes de las bases australes de un asistente eficaz , al margen que ningún motor proporciona afecto, abrigo y compañía.(¡curiosa concepción de la Naturaleza!). Y en su racismo zoológico determinan que la foca es una especie superior.
Cabe una última pregunta a los ‘proteccionistas’ y a los firmantes del Tratado Antártico: ¿Por qué en el Polo Norte los perros no contagian el moquillo a las focas?

AUTOR
Sergio Grodsinsky
E-Mail: sergiogrod@ciudad.com.ar
Web: http://personales.ciudad.com.ar/sergiogrod

Como información complementaria agregamos un artículo del Mayor Carlos MONTENEGRO del Ejército Argentinosobre el empleo de los perros polares entre 1951 y 1994.

El perro polar antártico argentino, inicia sus actividades en el año 1951, con la creación de la Base Antártica GENERAL SAN MARTIN. El trineo de perros era el medio más seguro para los desplazamientos de las patrullas terrestres, ejecución de reconocimiento por zonas desconocidas, y desplazamientos a través de superficies de agua congelada con poco espesor. En el sector de la Península Antártica se ha atravesado el continente en trineo, de costa a costa, transportando también los refugios que forman una cadena de puntos de apoyo para quienes trabajan actualmente en la Antártida. Sin perros y trineos no hubieran sido posibles las efectivas campañas que años a años se han ido desarrollando desde las bases.Las patrullas exigen una cuidadosa organización y un mayor esfuerzo psicofísico, debido a la vida más rudimentaria, y estar el personal expuesto en mayor medida a las condiciones del clima y al terreno.
Las jornadas deben prolongarse lo más posible en días de buen tiempo para reforzar el trabajo. Una tormenta puede postrar a la expedición durante días. Al rigor del clima se agrega en algunas zonas la precaria firmeza del suelo, debiéndose adoptar las máximas precauciones para evitar la caída en una grieta. Las jornadas de marcha, con condiciones meteorológicas favorables, se podían extender hasta 10 horas. Tenían un rendimiento por jornada de marcha, de 30/35 Km/h. Durante las patrullas terrestres, tenían gran capacidad a la tracción, eran obedientes a la voz del hombre. Las razas de estos perros fueron: HUSKI, MALEMUTE y GROENLANDES. Las cruzas de los mismos formó una nueva raza, el Perro Polar Argentino. Se caracteriza por su belleza y prestancia. Tiene una alzada de 50 a 60 cm, orejas erectas, cola en-roscada y de colores mezclados, marrón claro, blanco y negro.
Su cara es igual a la del MALEMUTE, con los ojos claros o celestes rodeados de un pelaje blanco en forma de arco o de anteojos. Por disposición del Comité Científico de Investigaciones Antárticas (SCAR), los países que tenían perros en las Bases debieron retirarlos durante las Campañas Antárticas 1991/93. Argentina, respetuoso y cumplidor de la Resolución del SCAR, ha procedido al retiro de los perros de las Bases.A fin de 1991, la Base GENERAL SAN MARTIN evacuó 22 perros, siendo entregados luego a un Destacamento de Gendarmería Nacional de la Localidad de Puente del Inca, en la Provincia de Mendoza. En este grupo se encontraban los 13 perros que fueron donados por el ciudadano Japonés NAOMI UEMURA en el año 1982. En dicha campaña la jauría de la Base recorrió aproximadamente 800 km. Los últimos 13 perros fueron retirados de la Base Antártica ESPERANZA en el mes de febrero del año 1993, y entregados a Gendarmería Nacional en la Localidad de Ushuaia en la Provincia de Tierra del Fuego.
En estos 41 años de convivencia y trabajo con los perros Polares Argentinos, fueron muchas las experiencias vividasque jamás el hombre antártico olvidará.
Una de ellas es la del 1ro de octubre de 1956, cuando una patrulla de Base Esperanza, en proximidades de Bahía Dusse, sufrióun accidente al caer a una grieta un trineo perdiendo tres perros; el mejor guía de la Base y los dos que le seguían inmediatamente, sin lamentar desgracias personales.El resto quedó sin caer a la grieta en una especie de puente, mientras el trineo con su carga completa y el conductor fueron rápidamente auxiliados por los integrantes de la patrulla. Esta fue una de las tantas ocasiones en que los perros dieron su vida salvando al hombre. En 1952, una expedición que partió de Base Esperanza hasta Base San Martín recorrió 2000 km empleando dos trineos de ocho perros cada uno y otros vehículos. En 1965, los perros brindaron apoyo sobre peligrosas y agrietadas plataformas de hielo y nieve, quebradas de tanto en tanto por cordones montañosos, y soportando temperaturas de hasta 41 grados bajo cero, en la primera EXPEDICION TERRESTRE ARGENTINA AL POLO SUR. En reconocimiento al rol protagónico que el Perro Polar ha tenido en la actividad antártica argentina, se ha resuelto hacer un monumento consistente en una reproducción natural del mismo, el cual se emplazará en la Base Antártica Esperanza.


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