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lunes, marzo 28, 2005

Historias contadas por sus protagonistas

En la Antártida /
365 días en medio de la nada

La Base San Martín es el destacamento más antiguo de la Argentina en el continente blanco. Allí vivieron este año 17 argentinos, cuidando la soberanía y realizando tareas científicas.
Fernanda Abad
El Tribuno
http://www.eltribuno.com.ar
Marzo 2005


El paisaje se instala en la retina siempre igual, imponente y gélido (montañas de hielo y grandes extensiones del agua más pura de la tierra). Allí, la piel pierde pronto la memoria del sol caliente y el aire tibio: las temperaturas alcanzan frecuentemente los 32 grados bajo cero.

El silencio es tan abrumador como los glaciares que lo encajonan. No llega la fruta fresca ni la TV, y nunca pasa un avión dejando su estela de trueno. Sin embargo, el ojo, el cuerpo y el oído se acostumbran, se aclimatan, se acomodan al paisaje. Entonces es posible sobrevivir. Y más aún: es posible hacerlo con el pecho cargado de satisfacción. La Antártida produce esto. Así lo confirma un grupo de hombres que ha pasado los últimos 12 meses de sus vidas en el continente blanco.

El sargento primero Mario Soria es uno de ellos. El tiene su casa y su familia en Salta, pero hace exactamente un año empezó su segunda "invernada" en la Base San Martín de la Antártida Argentina. Allí desarrolla tareas como radioperador.

"Nací en la provincia de Tucumán y por mi profesión el destino me fue llevando por distintos lugares. Salta es hoy mi ciudad. Trabajo para el Ejército Argentino y es precisamente gracias a esta institución que estoy en este lugar, terminando mi segunda invernada. Tuve la suerte de estar en el 2001 en la Base Belgrano 2", cuenta Soria desde su "casa austral".

"Para mí es doble el orgullo entablar esta charla: primero por representar al Ejército Argentino en esta zona y segundo por representar a Salta en este inhóspito lugar", agrega Soria.
La Base San Martín está ubicada al sur del paralelo 60, al oeste de la Península Antártica, en la Bahía Margarita.

Está rodeada de imponentes glaciares que dibujan el paisaje y transforman al lugar en uno de los más bellos del mundo. Fue fundada el 21 de marzo de 1951 por el general Hernán Pujato, pionero de la actividad del Ejército en la Antártida. Es la base más antigua que posee la República Argentina en la zona.

Uno para todos y...

"Somos un grupo de 17 argentinos que estamos en este lugar. Primero, para sentar un precedente de nuestro país y mantener el derecho de soberanía en el lugar. Segundo, para efectuar actividades técnicas y científicas en convenio con distintas universidades y entidades de todo el mundo", explica Soria.
Cada uno tiene una actividad predeterminada y todos son especialistas en determinado tipo de tarea.

Pero, fundamentalmente, todos y cada uno son imprescindibles, porque a la base llega un rompehielos una vez cada 365 días.
Así, por ejemplo, hay un mecánico motorista encargado de mantener todo el parque automotor y los generadores de la corriente eléctrica que se consume en la base. El mecánico de instalaciones también cumple un papel clave: es el encargado de mantener las instalaciones de luz, gas, agua y -algo que es vital dentro de la base- calefacción.

Con cada dotación también viajan un médico y un enfermero. No obstante, para evitar mayores inconvenientes, antes de partir rumbo a la Antártida, cada miembro del grupo es sometido a un chequeo completo y a una apendicectomía profiláctica, para prevenir complicaciones.

Por la posición geográfica donde está ubicada la base, sólo se arriba a ella en el rompehielos Almirante Irizar, que realiza el viaje una vez al año, para efectuar los relevos de dotación.
En el equipo hay también un carpintero, un cocinero y un radioperador (en este caso Soria) que mantiene a los 17 hombres comunicados con sus familias y con el mundo.

Otros profesionales: el meteorologista, que cumple a diario la tarea de recabar datos cada tres horas para enviarlos a la Base Marambio; y los científicos, que trabajan constantemente en investigación.

Por otro lado, el personal del Ejército se encarga de todas las actividades logísticas: reparaciones y mantenimiento en distintas áreas.
"Todos nos complementamos, todos necesitamos de todos. Por eso se crea un ámbito de trabajo muy cálido y muy digno", comenta el "salteño".

Tierra de nadie

La presencia argentina en la zona antártica data del año 1904, cuando se instaló el primer observatorio meteorológico en la Isla Laurie (actualmente Base Orcadas). Nuestro país es uno de los más antiguos en la zona y está sujeto a un acuerdo internacional llamado "Tratado Antártico", por el cual los 24 países firmantes se comprometen a trabajar y a declarar a la Antártida "tierra dedicada a la paz y a la ciencia".

"Este tratado establece que cada nación se compromete a trabajar en forma mancomunada. A su vez, determina que el hecho de estar trabajando en la zona no constituye razón para realizar reclamos de soberanía. Con lo cual podría decirse que la Antártida es de nadie", explica Mario Soria.

Actualmente, el Ejército Argentino cuenta con bases permanentes y bases transitorias en el continente blanco. Las transitorias son aquellas que solo se abren en los meses de verano y las permanentes son las que tienen personal todo el año. De las bases permanentes, la única que recibe mujeres es la Base Esperanza. Allí viven siete familias por año.

Cada militar viaja acompañado de su esposa y sus hijos. Estos concurren a una escuela que funciona en el lugar, y que depende del gobierno de Tierra del Fuego. En la Base San Martín, en cambio, la dotación esta compuesta por hombres solos, y es en este punto donde confluyen las nostalgias.

"Lo que más se extraña es la familia, los seres queridos. En eso coincidimos todos, porque la mayoría somos casados y tenemos hijos. Por ellos estamos aquí y nos levantamos cada mañana y decimos 'falta un día menos'", confiesa Mario Soria, que acaba de finalizar su segunda invernada (el 20 de marzo llegó a la base un rompehielos para trasladarlo a Buenos Aires).

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