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miércoles, abril 18, 2007

Un mexicano en la Antártida

Publicado en www.cambiodemichoacan.com.mx
Martes 17 de Abril de 2007
El crucero, llevado a cabo del 6 al 19 de febrero del presente año, tuvo como motivo la realización de un proyecto que forma parte del SASSI (Synoptic Antartic Shelf-Slope Interaction) cuya traducción es "Estudio Sinóptico de Interacciones entre la Pendiente y la Plataforma Continental del Antártico", uno de los proyectos más grandes que participan en el Año Polar Internacional 2007-2008.
El escenario de este proyecto -en el que aparte de Trasviña Castro colaboró únicamente otra mexicana, Karel Castro Morales, oceanóloga y estudiante de doctorado en Inglaterra- fue el Océano Antártico y el objetivo principal, estudiar las corrientes marinas de la zona.
Entrevistado vía telefónica, el doctor Trasviña explicó que los especialistas tienen la fuerte sospecha de que hay corrientes intensas viajando en contra de la mayor corriente oceánica del mundo: la circumpolar antártica, capaz de transportar 130 millones de metros cúbicos de agua por segundo.
Dichas corrientes se encontrarían a lo largo de la plataforma y el talud continental (zona en la que la vertiente cambia bruscamente de 200 metros de profundidad a fondos abismales).
Una de las hipótesis de los investigadores es que estas corrientes transportan nutrientes para organismos como el krill, crustáceo semejante a un camarón pequeño y base alimenticia de los animales que habitan la zona, entre ellos las ballenas.
Para el experto, comprender la dinámica de las corrientes y su papel en la distribución de los nutrientes a lo largo de la plataforma continental de la península antártica, permitirá entender mejor las variaciones en abundancia y la distribución del krill.
Lo anterior es importante porque el krill y muchas otras especies resienten también el cambio climático. En México, por ejemplo, hace poco menos de diez años el fenómeno del Niño afectó directamente las corrientes costeras mexicanas, la pesca litoral y ribereña, así como el clima en casi todo el país..
"Entonces no entendimos lo que ocurría ni los detalles del fenómeno debido a nuestro desconocimiento de las corrientes, pero una mayor comprensión de ellas nos permitirá responder cuestiones como las que elaboraron los pescadores en ese momento: ¿A dónde se fue el camarón? ¿Dónde encontraremos las sardinas y el atún?", explicó el doctor.
El proyecto
Invitado al crucero por una excompañera de doctorado -Trasviña Castro cursó este grado en Inglaterra-, participó en el proyecto ADELIE (Antartic Drifter Experiment: Links to Isobaths and Ecosystems) cuya traducción es "Experimento antártico de flotadores: relación entre isobatas y ecosistemas". Las isóbatas son líneas dibujadas en un mapa que unen los puntos de igual profundidad en el agua.
Una de las hipótesis del experimento es que las corrientes siguen la forma del fondo, a pesar de que éste se encuentre a mil o dos mil metros de profundidad. "Y hasta el momento se está confirmando", señala el investigador.
Y agrega: "esa parte es muy interesante porque la plataforma continental de la península antártica es uno de los pocos lugares en el mundo donde toda la columna de agua -desde la superficie hasta el fondo- se mueve en la misma dirección y lo que observamos es que las corrientes a 15 metros de profundidad siguen los contornos del fondo que está mil o dos mil metros más abajo. En latitudes como las de México eso no ocurre porque el fondo y la superficie se mueven en sentidos diferentes".
Para medir las corrientes, comentó el investigador, se utilizaron diversos métodos: el tradicional, en el que hay que tomar medidas de temperatura y salinidad del mar por medio de instrumentos llamados CTD que se bajan del barco hasta el fondo del océano por medio de largos cables de acero. Los datos que arrojan son usados para calcular la densidad del agua y la fuerza de las corrientes.
También se utilizaron perfiladores acústicos instalados en el casco del buque. Estos miden las corrientes ‘escuchando’ el retorno de pulsos de sonido y aprovechando el efecto Doppler (variación en la longitud de las ondas). Asimismo, en el crucero se utilizó un perfilador de gran penetración que permitió obtener observaciones de corrientes hasta más de 700 metros de profundidad.
Igualmente, se lanzaron unos perfiladores llamados Argo. Semejantes a robots en forma de torpedos inteligentes, descienden hasta mil o dos mil metros y trasmiten información mediante telefonía satelital. Estos perfiladores derivan con las corrientes y, posteriormente, emergen mientras van midiendo perfiles también de temperatura, salinidad y densidad.
Los perfiladores Argo, que son desechables a pesar de que su valor individual es de aproximadamente 15 mil dólares, ofrecen información por un periodo de cuatro años y son parte de un programa mundial que ha lanzado alrededor de dos mil en todos los océanos.
El experimento, donde en total se liberaron 40 flotadores seguidos por satélite para observar las corrientes superficiales (15 metros de profundidad) y ocho perfiladores Argo para corrientes mucho más profundas, se dividió en dos etapas.
La primera consistió en liberar flotadores y perfiladores, así como capturar la información obtenida por ellos; la segunda se enfocó a realizar lances de CTD y tomar muestras de agua para hacer mediciones de ella con los equipos a bordo del barco.
El doctor Trasviña ha trabajado por varios años con altimetría satelital (mediciones del nivel del mar para calcular corrientes), principalmente en las latitudes tropicales del sur de México y Baja California.
En esta ocasión, tuvo por primera vez la oportunidad de acceder a un experimento de mediciones in situ en latitudes altas, lo cual le permite validar las corrientes medidas por satélite con las observadas directamente y, así, elaborar mapas detallados del comportamiento de las corrientes y de su variación en el tiempo.
Finalmente, el experto señaló que México debe tener una participación más activa en el tema del cambio climático y organizar sus propios proyectos y no sólo participar como invitado en investigaciones realizadas por otros países, tal como se dio en el caso de este crucero.
«Es irrefutable que el calentamiento global ocurre. La única estrategia posible es entender cómo nos afectará y tomar medidas para mitigar sus efectos. Ningún otro país hará la investigación que México necesita y, seguramente, las consecuencias de lo que dejemos de hacer las sentirán nuestros hijos y nietos».
*Tomado de la Agencia de Noticias del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, con autorización de los editores.

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