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viernes, diciembre 08, 2006

Los hielos de la Antártida colapsan

Los hielos de la Antártida colapsan: La catástrofe anunciada
por Graciela Vera
Periodista independiente
Publicado en http://www.uruguayinforme.com

¿Seguiremos viendo el planeta Tierra tal como lo hemos conocido hasta el momento?
Los gobiernos han sido demasiado obcecados; los intereses económicos de las grandes potencias pudieron más que la razón y los alertas dados por la comunidad científica se perdieron en un cúmulo de asambleas consultivas que no tuvieron más criterios que los de interesadas razones políticas.
Los datos obtenidos vía satélites no dejan lugar a dudas. La Antártida se derrite.

Desde 1992 la Barrera de Hielo Larsen*1, ubicada sobre la parte noroeste del Mar de Weddell*2, ha sufrido un adelgazamiento de casi 20 metros sobre la tasa prevista, tornándose sumamente vulnerable.
Las mediciones periódicas de la altura de la Barrera Larsen que se realizan desde el altímetro del Satélite Europeo de Teledetección, revelan un preocupante descenso de la superficie del hielo.
¿Seguiremos pensando que estos fenómenos no afectarán la vida del planeta y lo que es aún más preocupante, seguiremos autoengañándonos sin reconocer que nuestra conducta es culpable de lo que ocurre en nuestra –hasta el momento- única casa?
Fueron muy pocos aparte de los científicos que analizan las consecuencias del calentamiento global estudiando sobre deshielos y glaciares, los que consideraron que había mucho más que un fabuloso espectáculo para las cámaras fotográficas y valoraron la amenaza que se cierne sobre el equilibrio de nuestro habitat, cuando en el año 2002 quinientos mil millones de toneladas de hielo procedentes de la Barrera Larsen B*3, cayeron en las aguas del mar de Wedell en apenas tres meses.
Más que el impacto de la noticia en sí, lo que recorrió el mundo fueron las imágenes, quizás porque lo acontecido no tomó por sorpresa, se había previsto que ocurriría; sólo que por entonces aún se consideraba que aquel fenómeno no dejaría huellas en los glaciares adyacentes.
Sin embargo actualmente ha quedado demostrado que las barreras de hielo son imprescindibles para estabilizar los glaciares y cada uno de los cinco adyacentes a la barrera Larsen B, perdieron en los siguientes seis meses hasta 38 metros de altura.
El proceso de destrucción de las moles de hielo comienza cuando, como consecuencia de veranos más cálidos, se funde la nieve y el agua que resulta se introduce a través de las grietas del glaciar y se abre paso hasta la base de la barrera de hielo que lo contiene.
De aquí en más, tan sólo es cuestión de tiempo para que las fisuras completen su trabajo y cuando el glaciar se encuentra sin ningún muro que lo contenga comienza a resbalar hacia las aguas. Después del colapso del Larsen B, la velocidad de este movimiento aumentó más de seis veces en el glaciar Ross.
Los hielos de los glaciares desprendidos contribuyen a aumentar el nivel de los océanos. Por ahora es poco, apenas varios cientos de miles de millones de toneladas de agua sólida.
Hielos que representan el 90 por ciento del agua del mundo y cuyo colapso provocaría el aumento del nivel de los mares entre 5 y 17 metros .
No es el único problema que presenta el tema. La redistribución del agua previamente congelada puede tener consecuencias importantes en los patrones de circulación oceánica.
Estamos ante la fusión de decenas de gigatoneladas de hielo liberado al mar en torrentes de agua fría que equivalen actualmente en cantidad, a ocho veces la descarga anual del río Támesis.
El control de los cambios que se verifican en la Antártida está realizándose con dos tipos de instrumentos de monitoreo. El ASAR, del satélite Envisat con un sistema conocido como Modo de Monitoreo Global (GMM) que emite imágenes de resolución de 1x400 kms permitiendo realizar un rápido mosaico de toda la Antártida y el CryoSat que permite detectar el grosor de los hielos polares en capas y el área de hielos flotantes.
Este monitoreo ha permitido a los científicos dar otra voz de alarma. ¿Caerá también en saco roto?
La plataforma de Ross, una placa de hielo del tamaño de Francia, corre peligro de desprenderse y ocasionar por sorpresa un alza de no menos de cinco metros en el nivel del mar.
No hace mucho más de un año que un iceberg gigante desprendido cinco años antes de la plataforma de Ross, creo preocupación por su deriva hasta que colisionó con la lengua Drygalski, en el mismo mar de Ross, cambiando el mapa del continente antártico al arrancarle con el golpe, una porción de cinco kilómetros de largo.
Se trataba tan sólo de un trozo de hielo de esa plataforma que ahora podría desprenderse íntegra provocando un dramático aumento del nivel de las aguas de entre 5 y 17 metros .
El futuro de toda la Antártida occidental, nada menos que una superficie que contiene 30 millones de kilómetros cúbicos de agua dulce, corre serio peligro y no se trata de conjugar las posibilidades de un desastre a largo plazo, la Antártida se derrite ahora, bajo nuestra mirada y ante la insensible responsabilidad de muchos.
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